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domingo, 17 de octubre de 2010

el precio de la sanidad en MÁLAGA ,FACTURA SANITARIA

Para que el lector se haga una idea, el precio medio diario de un paciente encamado en un gran hospital público es de 600 euros. En cambio, en una clínica privada el dinero que se abona ronda los 150 o 200 euros de media, de ahí que al SAS le salga más rentable firmar conciertos con clínicas privadas para aligerar su lista de espera de algunas patologías que llevar a cabo esas operaciones con sus propios medios y profesionales.

Estar sano no sólo es bueno para la persona cuyo organismo no soporta ninguna enfermedad, sino que repercute beneficiosamente en las cuentas de la Consejería de Salud y del SAS. Y es que la salud tiene un precio muy elevado. Así, el gasto sanitario público en Málaga supera los 1.900 millones de euros este año (dinero que es tres veces el importe que vale construir y equipar el macrohospital), lo que representa un coste medio que rebasa los 1.260 euros por persona. Las cifras son claras y no dejan lugar a dudas: la factura sanitaria crece de forma imparable. Eso hace que el SAS y la Consejería de Salud realicen a diario un importante desembolso para atender las necesidades de los enfermos. El progresivo envejecimiento de la población y el aumento de padecimientos crónicos incrementan las necesidades de recibir asistencia. A ello se une al avance de las nuevas tecnologías y de tratamientos novedosos muy eficaces, pero con un coste muy caro. Aparte, hay que contar con el gasto farmacéutico, cantidad que el año pasado se elevó a 410 millones de euros en la provincia de Málaga.

La suma del dinero destinado a hacer frente a las nóminas de los profesionales, las inversiones en tecnología, las obras de mejora en los centros, las pruebas diagnósticas, las intervenciones quirúrgicas, las estancias hospitalarias, los tratamientos farmacológicos, la investigación, los conciertos con clínicas privadas y el transporte sanitario, entre otras partidas, suponen un cuantioso gasto cada año. En el caso de Málaga, esa cantidad supera los 2.000 millones de euros este año, es decir, a los más 1.900 del gasto sanitario hay que añadir un centenar, aproximadamente, dirigido a lo que el sistema sanitario público andaluz denomina actividades complementarias. El importe mayor de ellas son los 65,5 millones de euros con los que se sufragan los conciertos con la sanidad privada. Entre esos acuerdos destacan los suscritos con los centros privados Hospital Doctor Pascual, Clínica La Encarnación, Clínica Nuestra Señora del Pilar y el Centro Asistencial San Juan de Dios.

La idea de que la asistencia sanitaria publica es gratuita se sustenta en un error. El usuario no paga de forma directa tras recibir la atención, pero lo hace de manera indirecta a través de los impuestos. Lo que resulta evidente es que la mayoría de los ciudadanos no podrían asumir el coste de la factura de operaciones de gran complejidad, largas estancias en la unidad de cuidados intensivos o tratamientos de por vida de padecimientos crónicos. Por eso, para que no se rompa la equidad, es necesario hacer un uso racional de los hospitales y de los centros de salud. A veces, como no se abona en metálico nada cuando se recurre a la sanidad pública, existe la sensación de que el servicio que se recibe no tiene ningún coste, cuando eso no es así, sino todo lo contrario. La consecuencia es una mala utilización de los recursos.

La Consejería de Salud va a poner en marcha un proyecto llamado 'factura sombra' que consiste en entregarles a los pacientes una nota con el precio que ha supuesto su atención. La medida empezará a aplicarse en el Hospital Costa del Sol. Con 'la factura sombra', que no tendrá coste para el usuario, se pretende mejorar el uso racional de la sanidad.

Ir a urgencias indebidamente

«No le negamos la asistencia a nadie cuando acude a un hospital o a un centro de salud, independientemente de que su problema no nos corresponda a nosotros resolverlo. Lo que no parece lógico es ir a las urgencias de un hospital con una rozadura leve en un pie, producida por el calzado, cuando es algo que se solventa con una simple tirita», afirma un profesional consultado por este periódico. Otros expertos consideran que la creencia de que la sanidad es gratuita crea unas expectativas entre la población que no se corresponden con la realidad. «Es preciso explicar bien que los recursos no son infinitos y que el coste en salud es cada vez mayor», señalaron.


El importe es muy superior en la unidad de cuidados intensivos (UCI) de un hospital del tipo de Carlos Haya, donde un paciente le cuesta al SAS cada día una media de 2.000 euros y, en casos muy graves, en los que el enfermo precisa ventilación asistida y tratamientos sofisticados, el importe diario puede llegar a los 3.000 euros. El coste de la estancia en una UCI de un centro privado es más barato y oscila de media entre los 400 y los 500 euros. El motivo de esa diferencia tan abrumadora de precios estriba en que los hospitales públicos disponen de mucho más profesionales de todas las categorías (médicos especialistas, enfermeros, auxiliares, celadores, personal de limpieza, etcétera), lo que dispara los costes, sin dejar en el olvido lo caros que son algunos de los tratamientos que se aplican en la sanidad pública y que para la privada no resultan rentables.
Los medicamentos antirretrovirales que recibe cada persona con VIH-sida suponen, por ejemplo, un desembolso anual que está en torno a los 6.000 euros, mientras que las terapias biológicas que se emplean para combatir dolencias neurológicas, reumatológicas o alergológicas se pueden ir a los 10.000 euros por usuario. Una operación para implantar una prótesis de cadera llega a los 5.000 euros y, si el proceso se complica, alcanza los 6.000 euros. Asimismo, una intervención de neurocirugía para extirpar un tumor cerebral muy complejo, en la que participan distintos especialistas y se prolonga durante varias horas, puede supera los 20.000 euros.

«El gasto sanitario es una especie de caja sin fondo. Cuanto más dinero se destina, más son las demandas y necesidades de la población», indican las fuentes citadas anteriormente. «La clave para que la situación no se nos escape de las manos y no haya forma de cubrir de forma gratuita todas las prestaciones es hacer un mejor uso de la sanidad pública. Hace falta mayor concienciación», señalan. En ese sentido, subrayan que el progresivo e imparable envejecimiento de los españoles agudizará el problema en los próximos años.

Los avances quirúrgicos y tecnológicos permiten salvar la vida a pacientes que hace unas décadas no tenían ninguna posibilidad de supervivencia. Esas técnicas y tratamientos son efectivos, pero muy caros. Un trasplante de riñón cuesta 28.000 euros, y el dinero que se invierte en ese paciente para cubrir el tratamiento del primer año tras el implante renal es 55.000 euros. Por su parte, un trasplante de hígado sale por 56.000 euros, mientras que uno de corazón por 53.000 y uno de pulmón por 62.000 euros. El precio anual por enfermo que recibe un tratamiento de hemodiálisis es de 40.000 euros.

Para hacer frente a todos sus gastos, los hospitales de gran nivel deben manejar presupuestos muy elevados. En el caso del Complejo Hospitalario Carlos Haya sus cuentas de este año llegan a los 460,8 millones de euros, mientras que las del Clínico son de 250 millones. Por su parte el del Costa del Sol de Marbella (incluido el CHARE de Benalmádena) asciende a 168 millones de euros.

Distritos sanitarios




El distrito de atención primaria con un mayor volumen presupuestario es el de Málaga, con 87 millones, seguido por el de la Costa del Sol (60,4 millones) y el del Guadalhorce (26,8 millones). La investigación en materia de salud en la provincia malagueña también dispone de una partida importante: 20 millones de euros. Asimismo, el dinero destinado este ejercicio para el área de gestión sanitaria de la Axarquía es de 97,7 millones de euros, cantidad que para el área de la Serranía suma 87,6 millones, mientras que a la zona de Antequera le corresponden 85,6 millones de euros.

lunes, 15 de febrero de 2010

La asistencia sanitaria cuesta 103 euros al mes por cada beneficiario

La Salud andaluza destina 3.000 millones de euros al año para la atención de los enfermos.- Un experto alerta del encarecimiento del sistema con los avances médicos

Un domingo se despierta con un fuerte dolor de estómago. Piensa que quizá se deba a que la noche anterior comió y bebió más de la cuenta entre la cena con postre, la larga sobremesa y las copas en tres bares distintos. Pero el dolor persiste y decide acudir a urgencias. Puede que el médico le explore y confirme que no es nada que no se le pase con reposo y dieta blanda. En ese caso, el coste de la atención que usted ha recibido estará probablemente por debajo de los 140 euros de media que le cuesta cada urgencia hospitalaria al Servicio Andaluz de Salud (SAS).




Pero también es posible que el médico observe que algunos de sus síntomas coinciden con los de la apendicitis y decida hacerle una ecografía abdominal, que cuesta unos 35 euros. Si todo está bien, podrá irse a casa. Pero en caso de que se confirmen los temores del médico tendrá que pasar por quirófano. El coste normal de una operación de apendicitis es de 2.500 euros. Aunque si surgen complicaciones se dispara hasta los 6.000. Luego, se tendrá que quedar cuatro o cinco días en el hospital, lo que incrementará el importe de su atención en no menos de 2.400 euros (alrededor de 600 euros al día de media). Si el SAS cobrara por los servicios que presta su cuenta no bajaría de los 5.000 euros y podría rondar los 15.000 si la apendicitis y su recuperación se complicó. Pero si usted está entre los 7,9 millones de andaluces con derecho a asistencia sanitaria gratuita, se irá del hospital sin pagar nada. Según los cálculos de la Consejería de Salud, la atención sanitaria cuesta 1.240 euros al año por beneficiario, es decir, 103 euros al mes.



La sanidad gratis es un derecho al que ni la Administración ni los usuarios quieren renunciar. Pero Salud sí que pretende mentalizar al ciudadano del coste del servicio.La consejera de Salud, María Jesús Montero, anunció hace unas semanas que el SAS informará a los pacientes, una vez dados de alta, de lo que ha costado su atención. La directora general de Planificación e Innovación Sanitaria, Celia Gómez, asegura, como hizo Montero, que esta medida no es un paso hacia el copago de la sanidad entre el usuario y la Administración. "Rotundamente no", insiste Gómez. "La idea es hacer un ejercicio de transparencia y que hagamos un uso responsable".



Porque, resulte caro o barato, el usuario desconoce cuánto cuesta mantener un sistema al que todos colaboramos con los impuestos. El presupuesto del SAS para 2010 es de 8.989,2 millones de euros, de los que aproximadamente un tercio (2.996,4 millones) se destinan a sufragar la atención. Según los datos de Salud, 7,9 millones de andaluces tienen derecho a la sanidad gratuita (la población total es de 8,3 millones). En total, Salud asegura que la atención sanitaria cuesta 1.240 euros al año por beneficiario, unos 103 euros al mes.



"No parece caro teniendo en cuenta que cubre todos los servicios", admite José Luis Pinto, catedrático del departamento de Economía, Métodos Cuantitativos e Historia Económica de la Universidad Pablo de Olavide y experto en Economía de la Salud. El profesor refuerza su impresión al compararlo con el importe del seguro médico de una familia media de Estados Unidos, que ronda los 10.000 euros.



Pinto defiende las bondades del sistema público, sobre todo por su eficacia ante los casos graves. "La impresión es que falla algo más en las circunstancias más triviales, como la atención en los ambulatorios o las esperas. Pero, en los momentos graves, que son los que de verdad interesan, funciona muy bien".



En el SAS se llevan a cabo cada día decenas de miles de actuaciones médicas. Desde el tratamiento de un simple catarro al trasplante de estructura facial realizado recientemente en el hospital Virgen del Rocío de Sevilla, la mayor empresa de la capital y su área metropolitana. Sus 8.093 trabajadores representan el 2,38% del empleo de Sevilla, igual que los 100.000 trabajadores del SAS (incluidos los de la empresa pública de emergencias y todos los hospitales) le convierten, probablemente, en la empresa más grande del país, según la directora de Planificación e Innovación.



Desproporción

La asociación de consumidores Facua reconoce que existe una "desproporción a la baja" entre el volumen de actividad del SAS y las reclamaciones que reciben. Olga Ruiz, presidenta de Facua Andalucía, considera que el servicio es "mejorable" en algunos aspectos. "Pero puesto todo en una balanza el resultado es que tenemos una buena sanidad y que a veces los usuarios no sabemos valorarlo", señala.



Para el profesor Pinto, el gran reto es mantener la estabilidad de un sistema cuyo coste se multiplica con cada nuevo avance médico. Y admite tener dudas de que sea posible. "Nuestro sistema sanitario quiere llegar a todo. Le cuesta decir no. Pero las innovaciones médicas no paran, son cada vez más caras y hay que ver cómo hace el sistema para soportarlo", señala Pinto, que teme que se empiece a generar déficit.



Pero, a pesar de que los datos económicos del SAS apabullen, la directora general advierte de que el coste del servicio de salud tiene, ante todo, una "rentabilidad social". Aunque el envejecimiento demográfico y los avances tecnológicos agrandan año a año las cuentas. Quizá por eso, medidas como la información sobre el coste del tratamiento o las líneas telefónicas de consulta se vean como un intento de reeducar al usuario para garantizar la sostenibilidad. "Son herramientas que ayudan a decidir y que hacen el circuito más eficiente para todos", señala Gómez.